jueves, 14 de abril de 2011

En el andén

"Si hay algo que me fascina de la evolución humana es el ingenio que posee el homo para crear artilugios que nos transportan de un lugar a otro.
Si hay algo que repudio en la historia mundial es la capacidad que poseen las elites político-económicas para enmascarar la realidad"

Spaski


El tren ha sido uno de los inventos que parece ser más han ayudado al ser humano en su desarrollo económico. Según Wikipedia, lo creó un tal Stephenson en plena Revolución Industrial (nunca entiendo porque ciertos períodos históricos deben ir con mayúsculas). Creo que esta vez la Wiki no miente, porque recuerdo vagamente ese nombre y esa época de mis años colegiales. Stephenson bien podría ser un jugador de fútbol sueco, pero la revolución industrial (así mejor) la estudié sin duda.

Ojeando la Wiki extraigo algunas conclusiones:


1. El tren ha posibilitado el intercambio de productos por todo el mundo – una de las máximas del capitalismo- .

2. Ha hecho posible que estemos más interconectados que nunca antes en la historia y que podamos llegar en menos tiempo y con más comodidad a lugares lejanos.

3. Por tanto, el puto tren es el aliado perfecto del capitalismo. Engrana perfectamente con sus asunciones y planteamientos, es la herramienta exacta para el ideario de una economía global a nivel mundial.

Y es cierto los trenes puede que sean cojonudos, pero los andenes no.

Yo voy a hablar de los andenes. Primero porque me sale de los cojones, segundo porque quiero y tercero porque me da la gana. Además de estos tres impolutos argumentos, hablaré de los andenes porque creo que es el lugar donde se produce una perfecta simbiosis entre mis dos grandes pasiones históricas; citadas al principio de este pseudoetílicoensayo y que para el lector menos acostumbrado a lidiar con pensamientos de tanta calidad volveré a recordar: los inventos para acortar distancias y el discurso falso e interesado del lobby.

Los andenes son lugares trágicamente humanos. Simbolizan el tránsito efímero y fugaz que tenemos en este mundo. Son una metáfora sincera del intercambio capitalista, del ir y venir, del fluir constante que nos convierte en algo prescindible, sin alma. Los andenes son el reflejo fiel de la existencia del ser humano: solitarios, aburridos, esperando a no se sabe qué, para ir a no se sabe dónde, para hacer no sabe el qué.

En los andenes la gente está inmóvil, catatónica, a lo más, sentada en un incómodo banquito metálico (condenadamente frío en invierno, molestamente ardiente en verano) mirando al horizonte, oteando la delgada línea que separa el fin del mundo del inicio de los sueños; esperando que llegue el tren. Los allí presentes no se hablan, no se miran. Algunos leen. Otros escuchan música en minúsculos reproductores fabricados en países donde no existen los trenes ni los andenes. Pero todos, absolutamente todos, ignoran su alrededor, lo que sucede en su aureola vital; nadie quiere cruzar su alma desprovista de sueños con otra. Seguramente porque pensamos que el vacío no puede traer nada útil, nada aplicable, nada físico, nada que sume a nuestra leve existencia.

El andén es una suerte de camposanto moderno. Ahí residen los restos del individuo postmoderno. Es el cementerio del siglo XXI.

Los grandes genios modernos hablaron del tren, pero no de los andenes. Veamos:


- Kant bebió del primer pensamiento capitalista para proponer que los individuos debían tratarse como fines y nunca como medios y a eso lo llamó dignidad. Está claro que fracasó.

- Marx encontró en las contradicciones la raíz de la vida, subrayó con acierto que la propiedad privada provocaba la alienación del individuo pero también naufragó en su corolario final: la humanidad nunca alcanzará un estado de perfección.

- Freud trajo el inconsciente a un primer plano y, con frecuentes consumos de cocaína, señaló que vivimos reprimidos por nuestro propio entorno social. Mentira: existen locos, idealistas, niños, borrachos, delincuentes, violadores, políticos corruptos, gente que folla en público y hasta existe gente que cree en Dios y mata en su nombre (este último grupo abarca a seres despreciables que destrozaron la vida de muchas personas haciendo saltar por los aires trenes [desde luego la elección de este medio de transporte no fue azarosa] un 11 de Marzo en Madrid)

- Los fascismos, los socialismos extremos, los nacionalismos, los anarquismos, el feminismo y el masculinismo (¿existe esto?), los republicanismos, los budismos, y todos los –ismos que existen, existieron y existirán han provocado guías socioéticas para vivir a los individuos, que las abrazaban con sumo interés al principio de sus vidas pero, que según iban creciendo observaban – con creciente frustración y cabreo- como sus líderes se enriquecían a costa de esas ideas, lo que ha provocado que el individuo del siglo XXI deteste a la clase política.

- La economía es la gran ciencia del mundo actual. Pero nadie con interés por vivir una vida decente entiende los términos de inflación, regresión, tipos de interés, acreedor, beneficio con acción por dilución, flujos circulares de renta, hobling… La economía moderna es una secta creada por los ricos para seguir beneficiándose a costa de los pobres y encima poder decirles:

¡Os lo explicamos pero sois tan tontos que no lo entendéis!

¿Y qué hacemos todos mientras? Esperar en el andén, a que venga el tren.

lunes, 28 de marzo de 2011

I have a dream

- ¡Joder Spassky! ¡Otro sueño!

- ¿Y tú quién eres?

- ¿No me reconoces? ¡Soy Jesús, el Mesías!

- ¡Ah coño! El hijo de Abraham

- ¡Calla blasfemo! No digas eso muy alto, no sabemos quien puede parar por tus sueños

- Son mis sueños, así que seguramente sólo vaguen por aquí seres indecentes. A propósito, ya que te tengo delante, me gustaría hacerte una pregunta, judío.

- Soy todo oídos Spasski.

- ¿Dónde se hallaba usted cuando sucedió la tragedia de Auchswitz?


[Irrumpe en el sueño un ser bajito y con bigote, gritando]


- ¡¡¡¡Auchswitz!!! La solución final. La eliminación de todo ser degenerado e indecente que ralentizaba y estorbaba la evolución natural del superhombre ario. Qué recuerdos, mi querido Spaski.

- Sí, me estremezco sólo de escucharle, Adolfo. ¿Qué cojones haces tú en mis paseos oníricos?

- ¡Vengo a traerte un ideal Spaski!


[Irrumpe ahora otro bigotudo y calvo señor, vestido con casaca militar y bebiendo vodka]


- ¡Ideales! ¡Siempre se necesita un ideal!

- Pero si esto es un sueño, Vladimir Ilich ¡Quién coño quiere ideales en un sueño!

- ¡Tú estás desorientado hasta cuando duermes Spasski! Por cierto, me gusta tu nombre, muy soviético.


[Habla Spaski dirigiéndose a los tres intrusos]


- Muy bien señores, pero yo no quiero sus ideales. En realidad ni los suyos ni ninguno. En los últimos tiempos la fe ciega en ideas o religiones ha llevado a la destrucción, a la violencia, al asesinato en masa, al exterminio étnico, a guerras tribales… ¿sigo? No es la falta de ideales lo que causa problemas, sino su sobreabundancia. Yo soy más feliz sin aspirar a nada.


[Surge de la nada un viejo con aspecto de vagabundo y que le quita de un manotazo la botella de vodka a Vladimir]


- Es lo más sensato que he oído en sueños. ¿Cómo te llamas joven?

- Me llamo Spaski, es un honor para mí que usted esté en mi sueño.

- Bueno estoy aquí porque he olido a vodka. ¿Spaski? Yo me hacía llamar Chinaski. Se parecen bastantes nuestros nombres.

- Pura coincidencia. ¿Qué hace usted en sueños?

- Lo mismo que en vida. Beber, follar y escribir, en ese orden además.

- Es una vida íntegra, desde luego.

- Tú mismo lo has dicho, todo es más fácil si no aspiras a nada.

martes, 1 de marzo de 2011

Vida de perros

Spasski apagó el televisor. Hubiera quedado bastante cool y underground (vaya dos jodidos términos) decir que lo apagó porque aquello era denigrante y rezumaba mierda por los cuatro costados. Pero había dos cosas que a Spasski le habían mantenido pegado a su viejo Thompson de 19 pulgadas:

1 – La presentadora estaba buenísima. Distaba bastante de otras pseudoperiodistas que aparecían en otros canales. Esta no poseía esa belleza artificial made in televisión. Parecía auténtica. Y sus ojos eran lascivos y excitantes. Demasiado excitantes para Spasky que ya había recurrido a la masturbación en un par de ocasiones.

2 – Por lo visto la mujer a la que estaban entrevistando estaba muy apenada porque se le había muerto su perro de no se qué enfermedad ocasionada –según ella – por unas antenas parabólicas. Exactamente la historia no era así, pero es que Spaski empezó a seguirla con más atención cuando el programa parecía haber empezado y tuvo que hacer dos pequeñas desconexiones mentales para las labores anteriormente citadas.

Dio una vuelta por su casa en busca de alguna cerveza y acto seguido volvió a encender la televisión y siguió visionando aquel espectáculo.

La mujer (a partir de ahora nos referiremos a ella como “la viuda canina”) no paraba de llorar y gimotear. No se la entendía una jodida palabra con tanto llanto y sofoco que profesaba. La presentadora (a partir de ahora “putita cachonda con estilo”) acribillaba a preguntas a la viuda canina. Spaski sentía curiosidad por el perro, del que por cierto, no había aparecido ninguna foto.

A Spaski no le gustaban demasiado los animales. Tenía un perro, pero no eran demasiado amigos. Ahora mismo, por ejemplo, ni siquiera sabía dónde estaba el can. A éste le gustaba salir a dar paseos sin avisar y tirarse a otras perras. Joder, Spaski quería reencarnarse en perro. Todo era mucho más fácil. Dormir, comer y follar. ¿Acaso se puede hacer algo más interesante en la vida? Los perros tienen mucha suerte, sin duda.

Hablando de perros, se acordó de su vecina, Lucía, que tenía un pastor alemán gigante. La verdad que Lucía era una tipa interesante. Tenía gafitas, esas gafitas que se han puesto ahora de moda, rollo ochenta, o cualquier otra década pasada y que todos los gilipollas se compran y se ponen (aunque no tengan por qué usar gafas) Spaski deseaba que se pusieran de moda los aparatos metálicos esos que se le ponen en la boca a los niños para corregir sus dientes o mejor aún, que se pongan de moda las muletas. La gente es gilipollas. Bueno Lucía, aparte de llevar gafas de últimas tendencias, y por ende ser gilipollas, también tenía unas buenas tetas y un buen culo. Estos atributos físicos la dotaban de un poder superior al que le proporcionaba su intelecto. Spaski desconocía si tenía novio. Alguna vez la había visto paseando con algún chico (el prototipo estándar de su acompañante masculino era: moreno, 1,85, grandes brazos y ropa “moderna” – vamos, otro gilipollas-) pero nunca se la veía más de dos veces con él mismo. Spaski infirió en Lucía una gran promiscuidad y seguramente un elevado gusto por el sexo. Ahí tenía mucho que ofrecer, pensó. Aunque era cierto que no cumplía algunos de los cánones exigidos a priori por Lucía. Veamos, Spaski era moreno y alto, bien. Pero, desde luego, no tenía grandes brazos, y no poseía ropa “moderna”. Esto último era un hándicap importante. No entraba en sus planes irse a comprar ropa de esa clase y apuntarse al gimnasio para aumentar su volumen muscular tampoco era una opción. Spaski prefirió explotar más sus cualidades. Se puso el pijama más ajustado que tenía y se metió un par de periódicos meticulosamente arrugados en la zona genital. Se miró al espejo. Aquello no estaba mal, pero todavía era mejorable. Se lavó la cara y se peinó. Ahora sí. Si no triunfaba así no lo haría nunca. Acabó la cerveza de un trago y salió al descansillo. Él vivía en el segundo y Lucía en el piso de arriba pero subir las escaleras era fatigable y podía llevarle a sudar, por lo que decidió llamar al ascensor y que éste trabajara por él. ¡Bendito Schindler!
- ¡ Estos alemanes siempre proporcionándonos grandes inventos!

Estaba delante de la puerta. Llamó al timbre. Cinco, cuatro, tres, dos, uno… Nada.
Volvió a llamar. Tres, dos , uno… Nada de nuevo
Un último intento. Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiingggggggggggg. Ahora sí, se abrió la puerta de golpe.
- Hola vecino, ¿qué sucede?
Madre mía. Era Lucía y estaba en albornoz. Debía estar metida en la ducha o algo parecido. El periódico se empezó a mover ligeramente. Por cierto no había preparado nada. ¿Qué le iba a contar ahora a esta guarra?
- Buenas Lucía, soy Spaski como ya sabrás, tu agradable y entrañable vecino de abajo. Siento si te he molestado o pillado en mal momento, pero necesitaba urgentemente de ayuda vecinal. Mira, me encuentro en una situación delicada. Estoy con 40 grados de fiebre y sufro vómitos y mareos frecuentemente. No dispongo de ningún tipo de medicamentos y no sé como poder ir al hospital, aunque tampoco me encuentro con ganas de desplazarme hasta allí. ¿Tú me podrías ayudar?
Para no tener nada preparado, no estaba mal la verdad.
- Eh bueno Spaski, ¿no habrás estado bebiendo demasiado últimamente?
Joder, putos vecinos, también Lucía sabía de su afición por la bebida. No veía que había de malo en beber todos los días algo de alcohol. La gente tiene en muy mala estima al alcohol.
- Ya sabes como es la gente Lucía… Tampoco bebo demasiado. Además me encuentro mal de verdad.
- Bueno pasa, miraré a ver si tengo algo para darte y te acerco al hospital ¿ok?
- Perfecto Lucía, eres una gran mujer. Que Dios te acoja en su seno

Spaski tomó asiento en la salita de estar. En un confortable sillón de pana marrón. La casa no estaba mal. Era decorada con gilipolleces varias. Eso sí no había un puto libro en toda la casa. Puta Lucía pensó, con esas tetas y ese culo. El papel del periódico se había deslizado ya casi del todo. En esas irrumpió un perro ladrando en la sala.
GUAU GUAU

- Ah, mira Spaski, pensé que venías por él. Es tu perro, no sé qué le pasa pero cada dos por tres se mete en mi habitación. Bueno se mete hasta mi cama mejor dicho y … bueno me da un poco de vergüenza decirlo, pero me empieza a lamer.
- ¿Mi perro? Joder y yo buscándolo todo el día… Es un perro muy travieso.
- Sí, bueno a mi no me molesta, me gustan los animales mucho, sobre todos los perros y más si estoy sola en mi cama. Me gusta que se metan conmigo y me laman.
- Tú lo que necesitas Lucía es un hombre que te abrace por las noches.
- Prefiero perros que me laman. Bueno que te estoy contando demasiadas cosas, aquí tienes tu medicina. Ahora toma mi bonobús y vete al hospital. ¿Me puede quedar con tu perro esta noche?

Malditos animales. Al menos estará bien acompañado pensó. Bajó a su piso y abrió otra lata de cerveza. En la tele ya no estaba la viuda canina llorando ni la putita cachonda. Ahora había una corrida de toros. Apagó la tele y abrió otra cerveza. Mientras la bebía en silencio de arriba provenían sonidos:

- ¡Síííííííííííííí!
- ¡GUA, GUAU!

domingo, 30 de enero de 2011

Joni el filósofo

Spaski estaba recostado en su sillón barato del Ikea, con una Franziskaner en la mano y haciendo un incombustible zapping. Llevaba poco más de cuatro minutos así y ya se encontraba agotadamente aburrido. Spaski detestaba el aburrimiento. Incluso tenía su propia teoría acerca del aburrimiento. Para Spaski el grado de inteligencia de una persona se podía medir por los momentos de apatía que tenía a lo largo de su vida. A más minutos de desgana y hastío, más gilipollas era una persona. Spaski, siempre fiel a sus ideas, intentaba no experimentar ese estado demasiado a menudo.

Decidió calzarse la parka negra de Kiabi y salir a dar un paseo. Los paseos pueden combatir el aburrimiento si tienes alguien con quien pasear o algo en que preocuparte. Spaski no tenía el menor atisbo de compañía desde que murió su perro y no entraba en sus planes el preocuparse por algo.
Pasó por el chino de la esquina, una tienda digna de mención. Veinticuatro horas abiertas durante sietes días a la semana. En Internet, el espejo de la sociedad actual, lo traducen como 24/7. Spaski también tenía una teoría acerca del lenguaje cibernético. En realidad Spaski tenía muchas teorías sobre muchas cosas que no merecían teorías. Esta en concreto, le parecía algo así como un icono universal de la explotación humana.
24/7 pensaba Spaski, vaya gilipollez. Al menos tenía algo bueno ese horario laboral: era bastante complicado tener tiempo para aburrirse. Por eso los chinos son tal delgados pensó Spaski, porque no se aburren, aunque meditándolo mejor no encontraba la correlación entre el peso corporal y el nivel de inquietud intelectual. Debía mejorar esas hipótesis.

- Buenas Juan Luis – Spaski siempre le llamaba Juan Luis, cuando realmente se llamaba Xian Lu, pero era un intento de protocolizar las relaciones
- Hola, hola, hola, Dimitri
- ¿Dimitri?, Me llamo Spaski, Juan Luis
- Y yo llamal Xian Lu, no Luan Uis
- Vale, dame una litrona. Bueno, dame mejor dos.
- Aquí tiene señol
- Gracias, mañana te pago. Para que no te enfades Juan Luis, un chiste: ¿cómo se dice divorcio en chino?
- Me lo cuental todol los díal Dimitri
- Chao chochín – y Spaski echó a reir irremediablemente, como hacía siempre que contaba ese chiste

Prosiguió, con litrona en cada mano, hacia el parque del barrio, otrora sitio de reunión para yonquis, transeúntes, vagabundos y demás gente de bien. Últimamente no se veía por esos parajes a tan dignos personajes, sino que ahora había una caótica amalgama de niñatos, camellos de poca monta y abuelos paseando a sus nietos. Eso y Joni por supuesto.

Joni siempre estaba allí, tumbado en el banco de siempre, viendo pasar el tiempo. Se podría decir, sin miedo a equivocarnos, que Joni vivía en aquel parque.

- Hola Joni, ¿cómo vas?
- Sobrevivo, tío. Sobrevivo.
- Joder, pues yo te veo cada vez más muerto.
- No te falta razón Spaski, hoy estoy más cerca de la muerte que ayer. Tú también por cierto estás más cerca de la muerte.
- Una mierda Joni, yo estoy más lejos de la muerte hoy de lo que lo estaré mañana.
- Eso es cierto también, suponiendo que no te mueras esta misma noche.
- Puto Joni siempre encuentras argumentos auténticos para refutar mis ideas.
- Es que tus ideas son burdas y casi siempre están mal planteadas.
- Ba, cambiemos de tema, ¿qué te cuentas?
- Poca cosa, mi vida no es interesante ya lo sabes.
- ¿La vida de quién es interesante? No conozco a nadie que tenga una vida realmente digna de mención.
- Cierto Spaski, ahora has tenido una idea perspicaz. La comparto pero, ¿en qué te basas para hacer tal afirmación?
- Hoy día vivimos en un mundo global.
- ¿La aldea global, no?
- Exacto Joni, la jodida aldea global. Nuestro mundo es un flujo enorme donde vive gente muy diversa que maneja múltiples identidades dependiendo del lugar y del contexto.
- Pero eso no tiene nada que ver con la aldea global Spaski. Es una asunción muy posmoderna del tiempo en el que vivimos.
- Del tiempo que nos ha tocado vivir diría yo. Hay diferencias importantes entre lo que vives y lo que te toca vivir.
- ¿Y eso no es muy determinista?
- Nacemos determinados Joni.
- ¿Así lo crees? Tú mismo has dicho antes que manejamos múltiples identidades. Eso no parece que sea demasiado determinista.
- Se han roto los canónes, las categorías, las clasificaciones y las fronteras. Ahora todo vale, y a ese estado caótico mundial, que rige desde las relaciones sociales hasta la información, algunos iluminados lo han llamado posmodernismo. A mí me parece una falacia más, inventada desde arriba, para hacernos creer que los que no tememos ni pizca de poder podemos controlar algo de lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Es o no es determinista?
- Es una cabronada, pero no sé si una cabronada determinista. En cualquier caso, ¿qué sugieres que hagamos?
- ¿Ahora? Bebernos estas dos litronas.

domingo, 9 de enero de 2011

David y Goliat

David giró el pasillo y volvió a su cuarto. No sabía por qué salía de allí tan a menudo. Mierda, sí lo sabía. No le gustaba esa sensación de parecer un joven más de esa televisiva generación ni-ni. No le reconfortaba tener que pasar horas delante de su ordenador. Pero odiaba tener que salir de su habitáculo hogareño para encontrarse a sus padres regañando.

Aquello era insostenible. David tenía, tiene, 23 años, una carrera acabada y un trabajo precario. Ni siquiera llega al sueldo mínimo, considerado decente, para embarcarse en la aventura de la independencia. La independencia del hogar. Porque eso es lo que realmente quiere David, irse de casa. Pero la situación socioeconómica del país no invita a grandes proyectos a medio-corto plazo. Y la opción es dar la razón al sistema capitalista y entregarse en cuerpo, y quizá también en alma, a algún desalmado por un sueldo que permita volar de su cuarto.

Al menos allí lee. Leyó el otro día a Paul Auster y se sintió identificado con sus personajes solitarios y oscuros. Allí también estudia. Allí escribe y publica sus basuras literarias en blogs que nadie lee. Cojones, allí es donde sueña. Allí es donde vive.

En su cuarto no se siente ahogado por una sociedad que no reconoce como propia. En la intimidad de su habitación no se flagela el espíritu preguntándose qué hace un chico con su inteligencia y su talento, allí, en una habitación como aquella.

David está en su habitación, pero está mucho más lejos y vivo cuando está allí dentro. Aunque los gritos de fuera le recuerdan siempre la realidad.

David debes salir de ahí.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz año 2011 a tod@s!!

Spasski volvió a tener otro sueño. No fue un sueño húmedo, fue un sueño tranquilizador. Sonaba una dulce melodía de jazz y preciosas ninfas revoloteaban alrededor de su pulcro torso. Yacía desnudo sobre un manto de hojas amarronadas, otoñales. Tenía los ojos cerrados, la expresión arcaica, pero en ese estado hipnagógico sentía como le temblaban las rodillas. El corazón le latía despacio, tranquilo, al ritmo que marcaba el jazz. Era un escena plácida, complaciente, repleta de buenas vibraciones, casi podía tocarla con las manos. Su mente, su cuerpo, su ego, todo él flotaba y se sumía en un entero de placer y felicidad.
Y entonces algó quebrantó a las ninfas. Dejaron súbitamente de danzar y salieron despavoridas a otros sueños, a otros mundos más tranquilos. La música también cesó de repente. Spasski ahora sudaba y se mostraba ligeramente incorporado, todavía confuso por el excelso sueño hedónico.
Ante él apareció un hombre, con el pelo engominado, vestido con traje de Armani y una elegante corbata anudada con precisión al cuello, dejando entrever los picos de una blanca camisa. Impoluto, sujetando un maletín mal cerrado que apretaba el dinero guardado dentro.
- ¡¡Spasskiiiiiii, el 2011 será el apocalipsis!! La crisis vendrá pegando fuerte y acabará con todos nosotros... La CRISIS Spasski, la ¡¡¡¡CRISIIIIIIIIIIIIIS!!!!
Spasski, acongojado y enfurecido, con los ojos vidriosos, dolorido porque hubieran interrumpido su paraíso, se dispuso a gritar algo a aquel sucio personaje. Pero se paró. Movido por una fuerza divina se controló, pensó antes de hablar, y ya más tranquilo, como si hubiera pasado una eternidad, se acercó a él y le musitó al oído:
- ¿Crisis? Los artistas siempre estamos en crisis.
Y el hombre extraño se difuminó, empezó a desaparecer breve pero constantemente y justo en el momento en que se volvía invisible se divisó un pequeño rabo rojo, que también desapareció.
Volvieron las ninfas, más alegres, más contentas; y el jazz sonó más alto, más contento, más alegre. Spasski seguía tranquilo y feliz. Todo era maravilloso de nuevo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Arte napolitano

Pietro Manzeroni estaba hasta los huevos de Nápoles. Odiaba sus calles y sus plazas, odiaba sus parques y sus monumentos, odiaba a los napolitanos; y a los que no eran napolitanos y vivían en la puta Nápoles, también los odiaba.

Como cada mañana, Pietro se subió a su viejo taxi y se dispuso a iniciar la ruta. Tenía a un cliente esperando en la Via San Mandatto, una pequeña calle colindante a Salvator Rosa.
A la altura del Restaurante Gorgorino el semáforo se puso en rojo. Pietro detuvo su taxi y observó la acción que transcurría dentro del local. Hacía años que pasaba por ahí. A decir verdad pasaba todos los días por ahí y siempre veía lo mismo. Veía a gente comer ajena a su alrededor, veía al mecenas Rossi hablando por teléfono, al artista Marco riéndose a carcajadas y a la abuela de ambos observándolos a todos, incluso al propio Pietro, que pasaba por ahí todos los días y siempre miraba.

El semáforo se puso en verde y nuestro taxista giró a la derecha en el primer cruce, cerca ya del destino. Giró en Santa Tarsia y tuvo que maniobrar con cuidado para no romper ningún espejo retrovisor en la estrecha Via Ventagleri. Volvió a virar su vehículo hacia San Mendetto y se introdujo de pleno en el barrio Sanitá.

En las entrañas de ese suburbio a Pietro le daba la impresión de que los muros escuchaban y de que la gente siempre está observando. Había poca gente paseando, a pesar del buen día que hacía, y las tabernas del deslucido arrabal estaban casi todas cerradas. En uno de los decadentes muros de Sanitá, Pietro detuvo su mirada. Su vista alcanzó un grafiti que rezaba así: PAOLO TIC TAC
Sin duda era un mensaje claro e inmediato. Una obra de arte minimalista pensaría algún cabrón. Y a su mente vino la imagen de Marco desternillándose.

Pietro sintió un escalofrío y prosiguió su itinerario. Llegó al fin a la Via San Mandatto y allí estaba su paciente viajero esperándole.

- ¡Buon giorno!
- ¡Ciao compañero! ¿Qué tal? Acérqueme a la plaza San Pasquale.
- Ok. Será un placer.

Pietro puso música clásica italiana. Era lo único que le gustaba en cuanto a música, y también era lo único italiano que realmente amaba, además le relajaba bastante. Escuchar aquello le reportaba placer y tranquilidad, se olvidaba por algún tiempo de Nápoles y sus gentes.

- Perdone amigo, ¿podría quitar la música? Es que tengo que leer unas cosas antes de llegar a mi destino y me molesta un poco.
- Emm... - Pietro vaciló - bueno, es mi música y este es mi taxi, siento si no le gusta la música o le distrae pero es imprescindible para mi tenerla puesta.
- Parece que no me entiende amigo – el hombre carraspeó un poco la voz y se tocó con elegancia el nudo de su corbata – Se lo voy a pedir por favor, quiero que apague esa mierda de música ahora mismo.

Pietro frenó ipso facto el taxi, acercó su mano hacia la guantera y sacó de ella un revólver antiguo. Apuntó a la cabeza al grosero pasajero que ocupaba el asiento de atrás y espetó:

- ¡Odio a las personas como usted! ¿Quién coño se cree?

Y acto seguido disparó dos balas a la cabeza de aquel personaje. ¡Pum, pum!
Aquello también fue conciso y directo. Una obra de arte. ¡Pum, pum!

Ahora a Pietro, Nápoles le parecía un sitio más limpio, aunque su taxi estuviera lleno de sangre.
¡Pum, pum!