jueves, 4 de noviembre de 2010

La pena del pueblo

Me levanto, me visto y voy directo al kiosco. Por el camino me doy cuenta que ni me he lavado la boca – con el consiguiente olor que debo desprender al abrirla – ni me he frotado la cara para despojarme de las incrustadas legañas mañaneras.

Cojo el diario y pago al buen hombre, que debe llevar allí desde las seis de la mañana trabajando. Esto lo hago sin intercambiar ni una sola sílaba - no sea que se destape mi hedor bucal- y vuelvo con la cabeza gacha evitando miradas furtivas hacia mi rostro que desvelen mi impúdico estado.

Ya en la tranquilidad de mi hogar leo las soporíferas noticias del día.

Me llama la atención especialmente una, en la que se relata cómo un amago de ser humano estuvo durante algo más de sesenta minutos respondiendo a preguntas que le lanzaban la atrevida audiencia. Por supuesto las preguntas no iban encaminadas a la reflexión o el debate constructivo. Lo que despertaba el interés del audaz público era si la encuestada se drogaba, qué tipo de relaciones sexuales había mantenido y cómo llevaba que su anterior novio-marido o lo que fuera se hubiera acostado con otra mujer. Todo muy acorde a la filosofía del programa.

Hasta aquí todo vomitivo, pero las respuestas de la protagonista no se quedaron atrás. Entre las perlas que salieron de la boca (por cierto, operada) de este personaje mediático-ficticio-penoso destacan las siguientes: reconoció haberse drogado, reconoció que su nariz (también operada) no le gustaba, que el matrimonio gay le parecía estupendo a la par que contestaba que si tuviera una hija lesbiana tendría que aguantarse y lo más impactante de todo, que ella no era un ejemplo para nadie.

Estoy de acuerdo con ella. No es un ejemplo para nadie.
Y ahora me quedo pensando en mi sillón y me da mucha pena. Pena por esta pobre mujer, usada como marioneta televisiva. Pena por los sin escrúpulos que engañan y lanzan al ruedo a esta mujer, para la mofa -¿o admiración?- del pueblo llano. Qué esperpéntico. Pena por la gente que ve esas cosas. Pena, penita, pena.

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